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VDO. DE POSTGRADO Y FORMACIÓN PERMANENTE. Sede Olavide en Carmona

La joven que no advierte el abismo en que se hunde con la droga.

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Hemos guardado el fuego y se nos ha olvidado despertarlo. Es la cuna ignorada de la luz. Entre las muchas tareas de Dios: Porque muchos hemos perdido el sentido del pecado.

Pero nosotros, si no queremos esconder la cabeza como el avestruz, reconoceremos humildemente tapujos que hemos pecado. Jesucristo vino a quitar del mundo el pecado. Lo que importa es acercarnos a El. Trabajamos en la misma empresa.

Pero de pronto nace algo maravilloso. La amistad se transforma en una intimidad profunda y excluyente. Una experiencia maravillosa que nos conmueve y nos transforma. Lo cual quiere decir: Sin ella todos los elementos religiosos nada valen. Ni tampoco es bueno guardar el vino nuevo en cueros viejos. Sin embargo, en muchas partes descubrimos cristianos del Antiguo Testamento. Pero ya no por miedo, sino por amor.

Donde se ama ya no hay temor. Y su prueba no la constituyen los sentimientos, sino los frutos. Ellos nos definieron como animales racionales. Las ciencias, por el contrario, nos piden un sano equilibrio entre los dos elementos que nos integran: Costumbre que los fariseos exageraron: La Biblia utiliza con frecuencia las figuras del novio y de la novia, para referirse a las relaciones de Dios con su pueblo.

Podemos entender el ayuno en un sentido estricto: Privarnos de algunos alimentos. Por lo tanto el ayuno ha de promover nuestra capacidad de amor y de servicio. De todo aquello que deteriora nuestra vida cristiana. Es no estallar en el hogar, cuando las cosas se complican. Muchos cristianos valoraron este estilo de vida, pero empezaron a sentirse incapaces de imitarlo.

Pero ante todo hemos de ejercitar la caridad, lo cual exige no pocas privaciones. Y nada tan preciso para encontrar a Dios como la casa de los hombres, apunta un escritor. Yendo de viaje, le ofrecieron en la cena unas sabrosas perdices. Al comienzo, este privilegio sacerdotal era respetado estrictamente. Pero con el correr del tiempo, se admitieron algunas excepciones. Como leemos en el primer libro de Samuel: Toda ley ha de ayudar a realizar al hombre.

El Evangelio, es verdad, contradice aquellas fuerzas interiores que llamamos pecado. Pero si la fe me tortura. La ley de Cristo se resume en el amor. Para lograr este ideal conviene esforzarnos por distinguir entre servicio y poder. Entre carisma y capricho, entre lo esencial y lo secundario.

Esclavizan de modo absurdo al hombre. Sin embargo, el pecado no consiste en tomar, las espigas del trigal ajeno. Esto se autorizaba en el capitulo 23 del Deuteronomio: Hoy nuestras actitudes, aun sin darnos cuenta, pueden caer en extremos que destruyen al hombre. La ley por la ley no es principio cristiano. En el fondo de cada precepto es necesario hallar el alma del cristianismo: El amor a Dios y el amor al hermano.

Los fariseos le dijeron: Porque el hombre es un ser unitario. No es posible trasformar alguna de sus dimensiones, sin modificar de inmediato las restantes. El hombre como hijo de Dios, desde todas sus circunstancias. Comprendemos entonces que las cosas que llamamos sagradas tienden a promovernos en un sentido pleno.

Descubrimos entonces que la conducta de cada grupo humano corresponde a la imagen de Dios que guardan en su interior. Y esa imagen se opaca o ilumina de acuerdo con el cristal con que se mire: El Maestro nos descubre a un Dios Padre y cercano. Una ley de amor que es a su vez, una ley en libertad. De la aldea al aprisco. Del aprisco a la fuente. De la fuente al molino. El ha venido para librarnos del mal. Solamente quienes se resisten a escucharlo permanecen bajo el poder del Maligno.

Cerrar las puertas al Amor que nos salva. Un Dios del mal que amenazaba dominarlo todo. Para ellos la tierra es literalmente un infierno.

Tal vez creen demasiado en el Maligno, porque no creen suficientemente en Dios. Somos honrados solamente por conveniencia. No apoyamos con entusiasmo a quienes se comprometen con los pobres.

Nos callamos ante los males de la sociedad o de la Iglesia. Con nuestras actitudes asfixiamos la esperanza. Descuidamos leer los signos de los tiempos. Apartamos a muchos del Evangelio por nuestro talante conservador a ultranza. Vino a traernos un conocimiento de Dios que nos da seguridad. Esto es lo que llamamos Evangelio. En nuestro medio familiar y social.

Una sola palabra significa hijo, nieto, sobrino. A la barriada se la llama hija de la ciudad. A las notas musicales, hijas del canto. La flecha es la hija del arco. La chispa, hija del fuego y el trigo, el hijo de la sementera. No regresa hasta Nazaret. No parece lo justo. Una noticia que familiares y vecinos comentan por las calles y las mujeres, junto al pozo. Le enviaron entonces un recado: Estos son mi madre y mis hermanos. Los que cumplen la voluntad de mi Padre.

A la par que su madre y sus hermanos. No nos fijamos en lo que se ve, sino en lo que no se ve. Lo que se ve es transitorio, lo que no se ve es eterno.

Es el camino para vencer todos nuestros demonios. El Reino de Dios se parece a un hombre que echa simiente en la tierra. La tierra va produciendo la cosecha, ella sola. Sin embargo, distingamos dos niveles. Pero el Reino de Dios va por otros caminos, el de unas esperanzas humildes, pero trabajadas a diario con paciencia. Lo mismo nos sucede ante la Iglesia: Y muchos hermanos se desconciertan.

Que la tierra va produciendo la cosecha, ella sola. Confiando en Dios que ha prometido fecundar la era que hayamos pacientemente preparado.

Dice un proverbio africano: Con un grano de mostaza. Los hombres pensamos, distinguimos y medimos todas las cosas. Para El es trascendental el agua que saca aquella mujer samaritana del pozo de Jacob. Acostumbra a colocar arriba a los pobres y abajo a los poderosos. Unos, por medio del poder y de la guerra. La tierra va produciendo la cosecha: Aunque es verdad que el enemigo arroja malas hierbas sobre el surco, mientras rueda la noche. Pero nunca abandonar el surco. Un lago que apellidaron mar, el cual desconcertaba a pescadores y marineros por sus inesperadas borrascas.

Ni el Bautismo, ni una vida correcta, ni las obras de misericordia equivalen a un seguro antinaufragio. Vivir es navegar y cuando menos lo esperamos las tormentas amenazan hundirnos. Un hogar en crisis. El encuentro con nuestra miseria personal.

Es un ancla con la cual sostenemos nuestra nave mientras amaina la tormenta. Son Dios y el tiempo dos amigos que nunca nos defraudan. Solamente lo invita a contemplar el universo, como si fuera un circo maravilloso. Y le devuelve otra serie de preguntas:. Ese saber de Dios le sobrepasa. En la parte contable de toda vida humana es necesaria una partida para cubrir los imprevistos.

Este matrimonio marcha perfectamente. Aquel sacerdote ejemplar empieza a fallar en sus compromisos. Un muchacho brillante claudica ante las dificultades de una carrera. Un profesional que no esperaba sino triunfos, sufre en carne propia la intriga, los contratiempos y los fracasos. Esa tarde se arriesgan por el lago. Se levanta de improviso una tormenta, cuyas olas rompen contra la barca y amenazan hundirla. Con frecuencia Cristo parece despreocuparse de nuestros problemas.

A veces aguarda que le pidamos cosas evidentes. Espera que le repitamos nuestras necesidades, aunque las conoce de sobra. Enseguida, y no antes, una palabra de reproche a los miedosos: Vamos a la otra orilla. Sobre todo en materia sexual. A cada rato podemos pecar contra la caridad, la justicia, la paciencia, la honradez, la verdad. Y entonces se nos olvida que la fe no equivale a un seguro contra los vendavales. Estaban contentos en su amistad.

Admirados de sus milagros. Sencillamente estaban a punto de naufragar. De inmediato los hijos del Zebedeo, o tal vez Pedro, despertaron a gritos al Maestro: El relato de san Marcos es simple. Pero el acontecimiento fue algo espantoso.

Conviene recordar la historia de la Iglesia. Pero que se convierte en gratificante certeza cuando, con la ayuda de Dios, hemos superado el peligro. Si en medio de la tempestad no perdemos la calma. Las religiones orientales le negaban a la mujer su naturaleza racional. Su amor derriba los muros, traspasa las fronteras, para lograr que todos nos sintamos hijos de Dios y lo manifestemos con nuestra conducta. La misionera esboza una sonrisa y dice amablemente: Existen infinitas ventanas para atisbar a Dios.

Las hay altas y bajas, amplias y estrechas. Algunas, muy fuertes, taladran gruesos muros. Probablemente se lo impidieran sus tareas de jefe de la sinagoga y el miedo de perder prestigio. Entonces la esperanza le abre de par en par una ventana: Muchos factores nos lo impiden. Pero El, siempre discreto, nos coloca de pronto frente a alguna ventana, desde la cual podemos contemplarlo:. Es su manera de abrirnos la ventana. De muchas formas El se hace presente entre nosotros: Son ventanas por las cuales se asoma su misericordia.

Ni las leyes humanas ni las costumbres de sus hijos, limitan sus iniciativas, ni condicionan su creatividad todopoderosa. Un anciano se siente morir poco a poco.

Su vida dura y cruel lo ha llevado a apartarse de toda creencia religiosa. Sin embargo, ya al borde de la muerte, manda llamar a un sacerdote conocido. Tu hija se ha muerto. El Evangelio es siempre un llamado a la vida, al servicio. Son sentencias humanas, sentencias de muerte…. Alguien ha tenido fe, alguien ha buscado a Jesucristo. Pensemos en la hija de aquel jefe de la sinagoga que se llamaba Jairo.

Y la multitud se preguntaba: Ellos cargan su propio pecado original, el mismo que nosotros llevamos a cuestas. San Pablo, al compartir su vida con los corintios, les cuenta que en su camino de fe y de anuncio de Cristo ha sufrido grandes dificultades: Es la historia de quienes se han propuesto vivir el Evangelio.

Que todo ser humano es limitado y falible. Que a nadie se le brinda gratuitamente un laureado porvenir. Nos sorprende la Biblia cuando nos muestra a un Dios que realiza trabajos de siervo. Con el pastor, que rescata las ovejas extraviadas.

San Pablo les escribe a los Corintios: Madrugan las lavanderas a su faena, el herrero a su forja. Mece el pescador sus redes sobre el estero. El saltimbanqui se balancea en su trapecio. Acude el socorrista pretendiendo ganarle la carrera a la muerte.

Teje la madre para el hijo que ya llega. Piensa el sacerdote en el mensaje de la misa vespertina. La abuela amasa el pan. La enfermera atraviesa sigilosa- mente el pasillo. Ora la monja contemplativa. No es un castigo. Es una admirable oportunidad de realizarnos, de avanzar, de crecer, de proyectarnos hacia otros valores, de ayudarle a Dios a terminar el mundo. Pero no lograron integrar en la persona del Maestro, de una manera conveniente lo divino y lo humano. Pero otras veces nos colocamos en el extremo opuesto.

Soy cristiano porque trato de seguir a Jesucristo. Procuro copiar sus criterios, sus actitudes. Un seguimiento que poco a poco me transforma, me pacifica desde dentro, me da seguridad en todas circunstancias.

Dice san Marcos que para esta tarea les dio autoridad. Se nos pide insistir en que todo alrededor se vuelve absurdo, sin la presencia de Dios entre nosotros. Nos queda siempre esa asignatura pendiente.

Quien no participa en ninguna comunidad no progresa, es inseguro, no deja huellas en el mundo. Pedro, Santiago y Juan. El noviazgo, la familia, la amistad, los diversos grupos en los cuales insertamos nuestra vida.

Damos limosna, asistimos a la Iglesia, perdonamos las ofensas. Logramos un segundo nivel cuando nuestra conducta es plenamente acorde con el Evangelio: El tercer nivel solamente lo alcanzan quienes orientan su vida por criterios cristianos. Criterio es una manera de pensar y de juzgar. Nosotros la predicamos cuando creemos en el otro y lo motivamos a cambiar. Cuando lo hacemos consciente de sus posibilidades y le contagiamos esperanza. Sanar a los enfermos: Requieren una especial ayuda de la comunidad para superarse.

Cuando Ciro el Grande asediaba, a mitad del siglo VI a. La pobreza es tema de actualidad en la Iglesia de hoy. Otros desean instaurar una pobreza rayana en la miseria. Podemos poseer porque somos seres racionales. En nuestro entorno, lo que algunos les sobra, lo que se despilfarra de modo irresponsable, les hace falta a muchos para apenas sobrevivir. Estas palabras se dirigen a todos, pero principalmente a quienes tienen mayor influencia en nuestra comunidad: Los dirigentes, industriales, profesionales, maestros y comunicadores.

Los mahometanos emplean noventa y nueve nombres para invocar a Dios. Charles Peguy, hablando de la misericordia de Dios, nos dice: La oveja perdida, la dracma perdida, el hijo perdido. Venid vosotros solos a un sitio tranquilo, a descansar un poco. Descanso es una palabra suave. Tiene olor a paisaje campesino y despierta recuerdos olvidados de la infancia. Pero en la vida diaria, el cansancio amenaza todas nuestras actividades: Vivimos comprometidos en toda clase de relaciones: Las relaciones llamadas gratuitas nos humanizan y nos purifican.

Todos nosotros las frecuentamos. En ellas ejercemos de un modo distinto la libertad. En ellas imitamos a Dios, que siempre se relaciona con nosotros de manera gratuita y generosa.

Descansar es encontrar tiempo para vivir plenamente aquellas relaciones gratuitas: Venid a descansar un poco. Nosotros podemos preguntarnos sin nuestros ocios corresponden a un trabajo serio y responsable. Si descansamos de una manera honesta y cristiana, si empleamos bien nuestro tiempo.

Tal vez nos estamos situando dentro de una nueva clase social: Y esto es injusticia, porque muchos de nuestros familiares, amigos o vecinos nos necesitan. No matemos el tiempo, que no es cristiano el hacerlo. Lo mismo todo lo que quisieron del pescado. Cuatro los puntos cardinales que procuran delimitar el universo.

A sumar y a restar aprendimos con reducido esfuerzo. Bastaba tomarnos los dedos de las manos y mirar de reojo hacia los pies descalzos. Pero siempre fue hermoso multiplicar.

Para un cristiano es indispensable saber multiplicar. Un muchacho llevaba consigo cinco panes de cebada y dos pescados. Todos comieron hasta saciarse, llenando luego con las sobras doce canastas. Para nuestra familia y para cuantos sufren necesidad. La palabra de Dios es alimento. Lo mismo sucede con los bienes materiales y con aquellos del alma. Se multiplican en la medida en que los compartimos. Se hizo carne y puso su morada entre nosotros.

Aquel que habita en Dios y ha venido a contarnos las cosas de lo alto. Nicodemo lo busca por la noche. Una mujer samaritana le encuentra junto al pozo de Jacob. Un funcionario real le ruega por su hijo moribundo.

La multitud que le sigue tiene hambre. El Maestro multiplica el pan y los peces y todos comen hasta saciarse. Ha venido para que tengamos vida en abundancia. Esa vida multiforme que se parece al vino, al viento, al agua, a la salud, al movimiento, al pan. En las relaciones humanas se dan niveles de intimidad que multiplican la vida: O en el musgo que se empapa de lluvia y aferra sus yemas a la roca.

En nuestro propio cuerpo, con sus numerosas funciones y sus infinitas maravillas. En nuestra capacidad de amar, de imaginar, de compendiar en una sola idea todo un largo discurso. En nuestro instinto para buscar a Dios, a pesar de nuestras vacilaciones, nuestra oscuridad y nuestros fallos. Es evidente que Cristo no quiere redimir sin nosotros: Llama a una joven de Nazaret y en su seno se hace hombre. Llama a los Doce para hacerlos pescadores de hombres.

Y para saciar la multitud recibe de un muchacho el escaso aporte de cinco panes y de sus peces. Nuestros valores pueden ser materia prima para su milagro. A veces nos da miedo perderlo.

El cual siempre es trabajo de Dios. El esposo y la esposa, los padres y los hijos, los patronos y los obreros, los sacerdotes y los laicos. Recordemos que su Evangelio aparece a fines del primer siglo de la Iglesia. Trabajad por el alimento que perdura.

Porque se dan muchas clases de pan y muchas hambres. Este era un gnomo rollizo, bromista y barbirrubio. Somos cristianos cuando esto nos produce ventajas, no porque seamos amigos de Jesucristo. No estudiamos a fondo la doctrina de Cristo, ni los documentos de la Iglesia. Ahora todo lo complican. Creerle a Jesucristo y atenerse a las consecuencias. Yo soy el pan de vida.

Desde los pesados bueyes que araron el campo bajo un sol abierto, hasta los sembradores y segadores, molineros y panaderos, todos han trabajado en cadena de esfuerzos, para darle a mi hambre un pedazo de pan. El pan encierra un misterio. Es el calor de la vida…. Ante un mundo azotado por el hambre, Dios calla y la Iglesia presenta el Evangelio y ofrece, sobre una mesa escueta, un trozo de pan y un sorbo de vino. Usa los acontecimientos para revelarse. Estamos cambiando vida por pan.

En la Misa, Jesucristo nos cambia pan por Vida. San Juan, cap, 6. Profundizamos en el conocimiento del hombre, pero a la vez inventamos armas en cantidades ilimitadas. Pero no hemos logrado ni la paz, ni la dicha, ni el pan para todos. La cifra es tan dolorosa que preferimos olvidarla: El pan ocupa un lugar preeminente entre los temas del Evangelio de San Juan.

Todos luchamos por el alimento. El nos es necesario. Nuestro problema es de alimento. Nos hace falta algo que llene nuestro interior. Lo alcanzamos cuando llegamos hasta El para ponerlo en nuestra conciencia. Lo alcanzamos al comprobar que toda nuestra hambre va en busca de algo que no se marchita con la muerte. Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo. Simpatizan con su club religioso y sienten que algunos elementos cristianos les confieren cierto lustre social.

Ante todo es el Dios- con -nosotros. Con este refrigerio pudo proseguir hasta el Horeb. Un pan que viene de lo alto. Que lo comamos como un alimento. Los habitantes del desierto africano, cuando descubren que alguien viene hacia ellos, se alegran. Entonces prenden fuego y se disponen a compartir sus viandas con el visitante. Para ellos compartir el pan es compartir la vida. Pero se requiere un encuentro. Encuentro grupal, como el que realizamos en la comunidad creyente. Pero ante todo un encuentro personal.

No basta adornar nuestra vida con ciertos signos cristianos. Se requiere comerlo como un pan. De este modo, nuestra precaria vida se va cambiando en vida eterna. Esa que relativiza tantas cosas.

Que no se deja vencer por los fracasos. Esa que mira la muerte con los ojos abiertos, por una enorme e inmarcesible esperanza.

Si la ignorancia es el mejor camino para ser sabio. Pero Cristo nos dice en su Evangelio que la ciencia de Dios es mejor y muy distinta. En la infancia aprendimos que la conciencia es la voz de Dios. Nos indica unas normas que custodian nuestra vida. En este misterio hondo, a la vez rudo y suave, de la conciencia, habla Dios a sus hijos.

Dichosos nosotros cuando sabemos escucharlo. Y se las arreglaba para conseguirles pan tierno y bienoliente. El Evangelio de san Juan aparece a finales del siglo I. Entre ellos el relativo al Pan de Vida. El Maestro le ha dicho a su auditorio: Estrenaban una liturgia nueva, en la fraternidad y en la sencillez.

Para un creyente el pan siempre le habla de Dios. El que traemos a la mesa familiar, con nuestro diario esfuerzo, es un regalo de la divina providencia.

El que compartimos con los amigos repite el sacramento de la fraternidad. El que entregamos a los necesitados nos ayuda a imitar al Maestro. Enseguida la propia familia, la comunidad que nos acoge, el campo, la ciudad. Yo soy el pan de vida: Dios es la vida misma. Para el israelita la felicidad equivale a vivir plenamente: Al justo, larga vida. Morir joven es siempre considerado una desgracia. En el lenguaje de los profetas, abundancia de pan significa presencia de Dios entre su pueblo y escasez de pan, duro castigo del pecado.

Sin embargo no todos los oyentes entendieron lo mismo. Comprendemos que, desde su cultura hebrea, Cristo nos dice: Soy el pan de vida, es decir…. En el camino hacia la felicidad, que todos transitamos afanosos, se dan muchas horas de luz, pero de pronto la noche nos envuelve.

Es inaceptable este discurso, dijeron. Y desde entonces se apartaron del grupo. La fe se nos presenta como un yugo. O como una estructura innecesaria. Todo lo cual es explicable. Si esta historia de pronto nos motiva, recordemos que en el camino hacia la felicidad, se dan horas de luz y horas de sombra.

Este modo de hablar es inaceptable. Cristo nos promete vida, vida plena y eterna. Pero falta comprobar si la promesa de Cristo se hace realidad en la vida concreta de los hombres.

Se realiza en la vida de la Madre Teresa, que tiende la mano a los moribundos por las calles de Calcuta. Se realiza en la historia de aquellos que se han comprometido con el hombre. A quienes viven en silencio la fiesta de la vida.

Los que son felices en medio de las tempestades. Con el gozo de servir al hermano. Todo ello es vida, vida de Dios que se derrama en nuestro ser. Cuando nos declaramos vencidos, defraudados. Cuando no le encontramos sentido a la existencia. Es el camino de las penalidades. En la vida de Cristo hay un episodio semejante.

Nos hemos marchado por causas muy diversas: O nuestros propios vicios: Nos duele el Evangelio si nos empuja hacia la rectitud. Y decimos en coro: Esa sed escondida, ese clima de tedio, ese malestar interior inconfesable… tienen un nombre propio: Nos defendemos tratando de dura su doctrina.

Nada que entre de fuera puede hacer al hombre impuro. Egresada de un colegio religioso. Autora de un libro sobre relaciones humanas. Pero su vida familiar es un desastre. Gerente de una empresa internacional. Miembro de muchas juntas directivas. El mejor alumno del curso. Pero a la vez cautivo de muchas esclavitudes interiores. Especialista es pastoral social. Inepto sin embargo para la amistad y aplazado en fraternidad con sus colegas. Pero nuestro interior permanece alejado del Evangelio.

De la mitad del alma brotan todas nuestras maldades. Hemos enviado nuestros artefactos a la Luna y a Marte y no hemos podido descender a la mitad del alma. Lo interior y lo exterior. Es un proceso que conduce al equilibrio emocional. Porque la verdad es esquiva y el amor muchas veces ambiguo. Pero poseemos a la vez la triste capacidad de contaminar el universo con nuestro pecado. San Pablo lo explicaba a la Iglesia de Roma: Se nos vuelve a plantear el antiguo problema de ser justos apenas de apariencia.

Aunque ninguno quisiera declararse fariseo. No obstante, todos somos en nuestro comportamiento lo somos un poco. Jesucristo es mi salvador. Un clima hostil, ahora benigno y enseguida cercano a los 40 grados. La falta de higiene de un pueblo lo ignorante y subdesarrollado. Y los ciegos, los mudos, los tullidos, los leprosos. Y le piden que la imponga las manos. Era el Hijo de Dios. Aunque bautizados, muchos de nosotros no escuchamos a Dios y apenas podemos hablar con El confusamente.

Necesitamos entonces que el Maestro nos cure. Nos unte su saliva, la cual en muchas culturas del oriente, significa vida, fuerza, salud. Con mente cerrada, o con mente abierta. Sobre el estruendo de nuestras tareas. Para entender que la fe exige cierta calidad de vida. Porque han brotado aguas en el desierto, torrentes en la estepa.

Cristo se compadece de aquel sordomudo. No alcanzamos el ser hombres plenamente sin la capacidad de comunicarnos.

Un escrito se burla de los franceses que, en tomaron la Bastilla y apenas en la revuelta de tomaron apenas la palabra. Te quiero, me comprometo, verdaderamente. Pero pocos son quienes realizan lo que estas palabras significan. Muchos hablamos y nadie nos escucha.

Porque disfrazamos la verdad. Entregamos una verdad retocada, disminuida, domesticada. Parece que hemos perdido nuestra capacidad de admirar. Neil Amstrong bajaba lentamente por la escalerilla. Hubo aplausos y llantos. En su seno trabaja Dios pintor, escultor y arquitecto. Que oren juntos, tomados de la mano, por el porvenir de los hijos. Que el carpintero admire a Dios en la madera, con sus vetas y sus nudos, en donde la savia se detuvo unos momentos para cambiar de ruta.

Y esto es verdad. Porque todas partes, en toda circunstancia nos acecha el sufrimiento. El se aposenta en la casa de los pobres. Una feria de cruces: Le hace juego a las cortinas de su alcoba. De acuerdo al modelo de su carro. Actuar dentro de sus criterios. Por ejemplo, se dejaron llevar del jansenismo. A descubrir entre todas las cruces que nos salen al camino, aquella o aquellas que son las nuestras. Y en pasaporte para ingresar a la gloria.

Entonces es necesario aceptar nuestra cruz. Nuestra cruz es el precio de una vida mejor y perdurable. La encuentro tan liviana y llevadera que a veces he pensado: Negarnos, tomar la cruz y seguirlo. Algunos de nosotros, casi todos, llevamos a cabo una parte del programa. Somos capaces de muchas privaciones pero por ambiciones meramente humanas: Porque a veces gustamos de exagerar los propios sufrimientos.

Vamos todos llevando nuestra cruz: Es decir, el amor le pone rodachinas a la cruz. A veces en la sombra, otras bajo una claridad meridiana. Nuestra vida vale en la medida de nuestra respuesta. Conocemos muchas respuestas cualificadas:. Ellas nos van iluminando el panorama hasta el encuentro pleno, cara a cara, que es la muerte. Las sombras de esta hora suprema nos orientan hacia la luz definitiva. La literatura cristiana habla frecuentemente del encuentro final con Dios.

Pero empecemos a hablarle desde lejos. De la muerte nos dice un poeta religioso: Los peligros y las persecuciones no le arredran. En este caso hubiera sido apedreado. Sin embargo, para Cristo la muerte no es algo deseable. La acepta, pero como una entrega al proyecto del Padre. Como un camino hacia una vida superior.

Yo no tengo miedo. Olvidamos que cada uno de nosotros tiene otro valor, otro peso, otra calidad, otra marca interior, la cual nos certifica ante Dios y ante los hombres. El Concilio Vaticano II nos explica que todos los hombres somos iguales: En naturaleza, en dignidad, en derechos y deberes fundamentales. Aunque nos diferenciamos por la calidad de nuestro servicio. Entre nosotros y los que nos rodean se producen a veces choques, discusiones e intrigas. Se pelean Discuten acaloradamente: Los hemos imitado cuando nos enfrentamos en el hogar, cuando nos enojamos porque no nos tuvieron en cuenta.

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