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Colombianos refugiados en el extranjero

Lo siento pero ahora quien sufre?

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No perdono a la muerte enamorada, no perdono a la vida desatenta, no perdono a la tierra ni a la nada. Quiero escarbar la tierra con los dientes, quiero apartar la tierra parte a parte a dentelladas secas y calientes. Quiero mirar la tierra hasta encontrarte y besarte la noble calavera y desamordazarte y regresarte.

Fuera menos penado, si no fuera Zarza es tu mano si la tiento, zarza, ola tu cuerpo si lo alcanzo, ola, cerca una vez, pero un millar no cerca. Garza es mi pena, esbelta y triste garza, sola como un suspiro y un ay, sola, terca en su error y en su desgracia terca.

Pero al mirarte y verte la sonrisa que te produjo el limonado hecho, a mi voraz malicia tan ajena,. Anda y cuenta los dulces granos de la arena amarga. A tu pie, tan espuma como playa, arena y mar, me arrimo y desarrimo y al redil de su planta entrar procuro.

Entro y dejo que el alma se me vaya por la voz amorosa del racimo: Bajo su piel las furias refugiadas son en el nacimiento de sus cuernos pensamientos de muerte edificados.

Tengo estos huesos hechos a las penas y a las cavilaciones estas sienes: Como el mar de la playa a las arenas, voy en este naufragio de vaivenes, por una noche oscura de sartenes redondas, pobres, tristes y morenas. Cardos y penas llevo por corona, cardos y penas siembran sus leopardos y no me dejan bueno hueso alguno. Desde que el alba quiso ser alba Desde que el alba quiso ser alba, toda eres madre. Quiso la luna profundamente llena. En tu dolor lunar he visto dos mujeres, y un removido abismo bajo una luz serena.

El nuevo amor te inspira la levedad del ave y ocupa los caminos pausados de tu aliento. Nunca tan parecida tu frente al primer cielo. Todo lo abres, todo lo alegras, madre, aurora. Vienen rodando el hijo y el sol. Arcos de anhelo te impulsan. Pasar por unos ojos como por un desierto; como por dos ciudades que ni un amor contienen. Se descubrieron mudos entre las dos miradas.

Sentimos recorrernos un palomar de arrullos, y un grupo de arrebatos de alas arrebatadas. Atravesaba el lecho la patria de los nidos. No es posible perdernos. Y la muerte ha quedado, con los dos, fecundada. Yo no veo las cosas a otra luz que tu frente. Tu insondable mirada nunca gira al poniente.

Claridad sin posible declinar. Suma esencia del fulgor que ni cede ni abandona la cumbre. Claro cuerpo moreno de calor fecundante. Hierba negra el origen; hierba negra las sienes. Trago negro los ojos, la mirada distante. Sombra clara que vienes. En mi sangre, fielmente por tu cuerpo abrasada, para siempre es de noche: De "Cancionero y romancero de ausencias" Beso soy, sombra con sombra. Sed con agua en la distancia, pero sed alrededor. Varias alas, varios vuelos abaten en ellas hoy hierros que cercan las venas y las muerden con rencor.

Su ardor de espada joven y alegre no reposa. Es una sola lengua, sublime y acordada. Y ante su aliento raudo se ausenta el polvo quieto, y asciende una palmera, columna hacia la aurora. Besarse, mujer, al sol, es besarnos e toda la vida. Besarse a la luna, mujer, es besarnos en toda la muerte. Descienden los labios con toda la luna pidiendo su ocaso, gastada y helada y en cuatro pedazos.

Y somos dos fantasmas que se buscan y se encuentran lejanos. En el fondo del hombre agua removida. Eres la noche, esposa: El aire de la noche desordena tus pechos, y desordena y vuelca los cuerpos con su choque. Como una tempestad de enloquecidos lechos, eclipsa las parejas, las hace un solo bloque.

La noche se ha encendido como una sorda hoguera de llamas minerales y oscuras embestidas. Y alrededor la sombra late como si fuera las almas de los pozos y el vino difundidas. Ya la sombra es el nido cerrado, incandescente, la visible ceguera puesta sobre quien ama; ya provoca el abrazo cerrado, ciegamente, ya recoge en sus cuevas cuanto la luz derrama. Brota de sus perezas y de sus agujeros, y de sus solitarias y apagadas ciudades.

Decidido al fulgor, pero entornado, alumbra tu cuerpo. Centro de claridades, la gran hora te espera en el umbral de un fuego que al fuego mismo abrasa: Sombras y ropas trajo la del hijo que nombras. Sombras y ropas llevan los hombres por el mundo. Y todos dejan siempre sombras: Con espliego y resinas perfumo tu aposento. Hijo de la luz y la sombra. Tejidos en el alba, grabados, dos panales no pueden detener la miel en los pezones.

Tus pechos en el alba: Se han desbordado, esposa, lunarmente tus venas, hasta inundar la casa que tu sabor rezuma. Es como si tu sangre fuera dulzura toda, laboriosas abejas filtradas por tus poros. Para siempre fundidos en el hijo quedamos: Los muertos, con un fuego congelado que abrasa, laten junto a los vivos de una manera terca. No te quiero en ti sola: La boca Boca que arrastra mi boca, boca que me has arrastrado: Alba que das a mis noches un resplandor rojo y blanco. Boca poblada de bocas: Muerte reducida a besos, a sed de morir despacio, das a la grama sangrante dos tremendos aletazos.

El labio de arriba el cielo y la tierra el otro labio. Beso que rueda en la sombra: Bebo en tu boca por ellos brindo en tu boca por tantos que cayeron sobre el vino de los amorosos vasos. Hoy son recuerdos, recuerdos besos distantes y amargos. He de volver a besarte, he de volver. Hundo, caigo, mientras descienden los siglos hacia los hondos barrancos como una febril nevada de besos enamorados.

Tres palabras, tres fuegos has heredado: El beso aquel que quiso cavar los muertos y sembrar los vivos. Menos tu vientre todo es confuso. Menos tu vientre todo es oculto, menos tu vientre todo inseguro, todo es postrero polvo sin mundo. Menos tu vientre todo es oscuro, menos tu vientre claro y profundo.

Nanas de la cebolla La cebolla es escarcha cerrada y pobre. Hambre y cebolla, hielo negro y escarcha grande y redonda. Pensaban que si se acercaban a nosotros los iban a matar. Fue poca gente al entierro. Como al hijo de don Campitos Guevara. Ya don Campitos estaba enajenado de su memoria. Yo solo pude abrazarlas. Las amenazas se volvieron persistentes. Al final solo quedamos dos personas.

Pero cuando tocan a tus hijos, las cosas cambian de color. Igual tengo que agradecer. Si no es por mis hijos, creo que pude haber muerto de tristeza. Llevaba a cuestas un maletincito con lo indispensable para sostenerme.

Terminar con estas mujeres pronunciando el nombre de sus esposos sin miedo, levantando la foto, fue maravilloso. El miedo y el sufrimiento en tierra ajena son otra historia: El que robara o armara chismes y peleas era castigado por la guerrilla: El viaje de bus en bus hasta Antioquia fue una pesadilla. La llegada fue agreste. La vida iba en marcha, hasta que los paramilitares y la guerrilla reforzaron el cobro de vacunas.

Mientras tanto, al menos, pueden trabajar, estudiar y tener acceso a un servicio de salud. Partieron a Francia a inicios del 83, antes de la toma del Palacio de Justicia. Persiguieron a mi familia y a gente cercana a mis padres. Como muchos herederos del exilio, no apoya emocionalmente a ninguno de los dos equipos: Para Gabriela, verse forzada a huir de su tierra no significa dejar de ser parte de ella: Volver a Francia, no lo sabe.

alexverveboy

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